tengo contados los dedos de mis manos
y las miserias que caben en un rezo.
he calculado el largo del cometa,
el peso de los ángeles, las horas del invierno.
yo sé el color de los amaneceres húmedos
y el sabor espeso de los miedos viejos.
puedo decir el nombre de los dioses,
las caras del oráculo, los números prohibidos...
... pero te vi y dudé de todas mis certezas.
cerré mi cofre de pesas y medidas.
por derrumbarme en la madera de tus brazos,
cedí al conjuro perfecto de tus besos.
quise abrazarte, medirte, contenerte
y repetirte en el tiempo suspendido
para que no te vayas, para que al fin te quedes
y esperes conmigo el final de la noche...
... en tu distancia me supe derrotada
y la derrota se hizo dulce, etérea, desvelada.
podría mentirte y hablarte de esperanzas.
podría callar esperando tu regreso.
podría medir los gestos, las palabras
e imaginar mi próxima estrategia,
el instante frágil, la eternidad imposible,
la nostalgia nueva de lo que no vivimos…
… pero tus ojos incendian mis banderas,
y busco el rito profano de tu boca,
y frente a todas mis verdades conocidas,
y pese a todos mis enigmas descifrados,
elijo tu milagro y lo nombro mi destino.
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